Al observar qué convierte una casa en un hogar, resulta difícil poner nombre a una sensación tan profunda e intrínseca al ser humano. Lo que sí parece claro es que la vivienda no comienza en los muros, sino en las personas que la habitan. En sus cuerpos, sus vínculos y sus formas de vivir. Todavía hoy se sigue diseñando a partir de patrones y tipologías que responden a un modelo familiar obsoleto, cada vez más cercano al estereotipo que a la realidad. Esta mirada deja fuera muchas de las experiencias y realidades que conforman la vida de muchas personas. Desde familias monomarentales o personas mayores conviviendo juntas, a abuelos y abuelas viviendo con sus hijos y nietos. Tener en cuenta las situaciones diversas de las familias y, en particular, de las mujeres, resulta esencial para romper con la rigidez de estos moldes y volver a situar a las personas en el centro del diseño. Incorporar esta diversidad no es una excepción, sino una condición necesaria para crear espacios verdaderamente habitables.
La vivienda puede convertirse en una gran aliada, capaz de acompañar estos procesos que nos atraviesan a todas. Por eso entendemos el derecho al descanso como la creación de refugios. Espacios donde sentirse libres, seguras y ligeras, donde la calma y el bienestar estén presentes en el día a día
Al proyectar un lugar en el que las futuras propietarias puedan desarrollarse a nivel personal y sentirse acogidas, es indispensable comprender la estrecha relación que existe entre el entorno y quienes lo habitan. El espacio no es neutro, influye en cómo nos movemos y cómo nos sentimos. Vivimos en constante autorregulación, adaptándonos de forma continua a lo que nos rodea. Sentimos frío y el cuerpo se contrae. Frente a la reducción de estímulos, los cuerpos se relajan. En este sentido, la vivienda puede convertirse en una gran aliada, capaz de acompañar estos procesos que nos atraviesan a todas. Por eso entendemos el derecho al descanso como la creación de refugios. Espacios donde sentirse libres, seguras y ligeras, donde la calma y el bienestar estén presentes en el día a día.
No podemos anticipar cuáles serán las emociones que se vivirán en las casas Posibilita. Lo que sí sabemos es que comprometerse con una arquitectura más humana, que tenga en cuenta desde una perspectiva de género las necesidades individuales de las mujeres que las habiten
La salud y el confort no son un lujo, sino una condición básica. No habitamos únicamente el interior de la vivienda, sino también aquello que percibimos a través de ella. Aspectos como la elección de materiales, colores, la presencia de vegetación, luz natural, la calidad del aire o la relación con el exterior influyen de manera directa en nuestro bienestar físico y emocional. No podemos anticipar cuáles serán las emociones que se vivirán en las casas Posibilita. Lo que sí sabemos es que comprometerse con una arquitectura más humana, que tenga en cuenta desde una perspectiva de género las necesidades individuales de las mujeres que las habiten, dará lugar a espacios llenos de belleza, calidez y sentido.
Repensar la manera de vivir desde la experiencia de las mujeres, el cuidado y la crianza, abre nuevos horizontes hacia formas de habitar más atentas a las necesidades reales, a los ritmos y a las emociones de las personas
Al igual que Tonucci en La ciudad de los niños. Un modo nuevo de pensar la ciudad plantea que hacer ciudad desde una perspectiva de infancia no solo es beneficioso para los niños y las niñas, sino para todo el conjunto de la sociedad, al hablar de vivienda podemos afirmar algo similar. Repensar la manera de vivir desde la experiencia de las mujeres, el cuidado y la crianza, abre nuevos horizontes hacia formas de habitar más atentas a las necesidades reales, a los ritmos y a las emociones de las personas. Una mirada que, lejos de ser particular o limitada, resulta hoy absolutamente esencial para construir entornos más humanos y habitables para todos.
Alba Blázquez Mbila es parte del área I+D Arquitectura Posibilita.