La situación actual de la vivienda en España es muy preocupante para capas cada vez más extensas de la población. Los precios están disparados al ser la vivienda un bien de inversión especulativa, más que una necesidad básica. Las políticas públicas a menudo se han orientado a segmentos de la población con especiales dificultades, como los jóvenes, que por circunstancias evidentes, no han tenido el tiempo de ahorrar una entrada. Hasta aquí, ningún aspecto bajo sospecha. Sin embargo, una propuesta como Posibilita, que pretende facilitar el acceso para las mujeres mayores de 40 años y cabezas de familia monomarentales está generando suspicacias ideológicas. Nos han llegado a decir que la propuesta es “demasiado feminista”. Pero nuestra motivación no recae meramente en un posicionamiento de principios, sino que se sustenta en los datos, como se explicará a continuación.
El mercado de la vivienda en España no es un campo de juego neutro. En la medida que la posibilidad de hipotecarse es un requisito muy habitual para acceder a la vivienda de propiedad, partimos de un mecanismo de selección de entrada que se basa en la acumulación de capital (para una entrada) y la capacidad de demostrar solvencia estable (para endeudarse). Como tal, el peaje de entrada refleja las desigualdades laborales y patrimoniales previas, a la vez que las amplifica. Por lo tanto, cualquier propuesta o solución a la crisis de la vivienda que se plantee como neutra en términos de género, dentro de una economía que es estructuralmente desigual, no puede sino perpetuar una discriminación sistémica. Facilitar el acceso a la vivienda de propiedad de este grupo demográfico no es un sesgo político, es el mecanismo técnico necesario para nivelar un terreno de juego trucado que representa la trampa de pobreza más grande de nuestro sistema.
La brecha salarial de 4.781 € es superior a la capacidad de ahorro necesaria (3.500 €), y la desigualdad salarial absorbe la capacidad de ahorro para la vivienda bajo condiciones de vida equivalentes
Cuando hablamos del mercado laboral, es imprescindible tener en cuenta que la brecha salarial de género actualmente se sitúa en el 19%. A efectos prácticos, esto significa que, en promedio, las mujeres pasamos a trabajar “gratis” a partir del 24 de Octubre en relación a los hombres. Esta brecha, que a todos los efectos se puede entender como una pérdida salarial, es crítica para la capacidad de ahorro. Lo vamos a ilustrar con los datos más recientes de distribución salarial informados por el INE. En 2023 el sueldo medio de los hombres es de 30.372 euros anuales, y el de las mujeres 25.591, lo que supone una diferencia de 4.781 euros anuales. Para ahorrar una entrada de 35.000 euros en 10 años, un hombre necesitaría ahorrar un 11,5% de su sueldo anual, lo que le dejaría en 26.872 euros anuales para el resto de gastos habituales. Suponiendo el mismo coste de vida para mujeres que para hombres, el salario medio de partida ya las sitúa por debajo del salario medio de los hombres habiendo descontado el ahorro (25.591 € – 26.872 € = -1.281 €), de modo que todo esfuerzo de ahorro realizado va a conllevar necesariamente una renuncia mayor en el resto de gastos. Para una mujer con un sueldo medio que decida ahorrar la misma proporción (11,5%) de su sueldo para una entrada, ahorraría unos 2.949 € al año, viviría con 22.642 € al año (4.230 € menos que el hombre medio), y tardaría 12 años en ahorrar el importe total. En conclusión, la brecha salarial de 4.781 € es superior a la capacidad de ahorro necesaria (3.500 €), y la desigualdad salarial absorbe la capacidad de ahorro para la vivienda bajo condiciones de vida equivalentes.
Las mujeres dedican en promedio un 37% de sus ingresos a gastos de la vivienda, en comparación con el 29% de los ingresos de los hombres. Este sobreesfuerzo merma nuestra capacidad de ahorro, motivo por el cual sólo un 20% de las mujeres son propietarias de sus domicilios, en comparación con un 37% de los hombres. En contrapartida, un 48% de las mujeres viven en domicilios de alquiler, en contraste con el 41% de los hombres. No es que las mujeres “prefieran” el alquiler. Las desigualdades del mercado laboral nos impiden capitalizar nuestro esfuerzo mensual del mismo modo que lo hacen los hombres.
En España el 81,1% de los hogares con un solo adulto a cargo están encabezados por mujeres. La tasa de exclusión residencial de estos hogares con menores es del 51,6% (según datos de Provivienda). La tasa de riesgo de pobreza en los hogares monomarentales es del 52%, más del doble que entre los hogares con menores encabezados por un hombre (25%)
La crítica del sesgo ideológico es todavía más débil si nos fijamos en las estructuras familiares. En España el 81,1% de los hogares con un solo adulto a cargo están encabezados por mujeres. La tasa de exclusión residencial de estos hogares con menores es del 51,6% (según datos de Provivienda). La tasa de riesgo de pobreza en los hogares monomarentales es del 52%, más del doble que entre los hogares con menores encabezados por un hombre (25%). No se trata meramente de tener una sola fuente de ingresos, la maternidad conlleva una penalización adicional que no sufren los padres. Estas composiciones familiares suelen tener la solvencia suficiente para pagar una cuota hipotecaria mensual (a menudo por debajo del precio de un alquiler), pero la banca no les concede una hipoteca porque el cálculo de riesgos no tiene en cuenta las especificidades de sus situaciones. Por todo ello, un proyecto que haga posible el acceso a la propiedad de este colectivo tendrá también una incidencia directa en las tasas de pobreza infantil.
La propuesta de Posibilita se basa en generar nuevas ventanas de oportunidad para sectores de la población que quedan desprotegidos por el mercado y por las políticas públicas, usando el poder de la negociación en colectivo, la rehabilitación del parque disponible y la creación de redes de apoyo.
Por todos estos motivos, tachar de “demasiado feminista” la propuesta de Posibilita refleja una profunda falta de comprensión de las múltiples y amplias ineficiencias del mercado en el que funciona. Los datos demuestran que existe la necesidad y existe la posibilidad de pago. La propuesta de Posibilita se basa en generar nuevas ventanas de oportunidad para sectores de la población que quedan desprotegidos por el mercado y por las políticas públicas, usando el poder de la negociación en colectivo, la rehabilitación del parque disponible y la creación de redes de apoyo. Facilitar el paso de inquilinas solventes a propietarias estables es la única vía para reparar la brecha que el mercado libre abre y no sabe cerrar.
Irene Cruz Gómez es parte del área de pensamiento y Ciencia de Datos Posibilita, Doctora en Sociología y directora de Innovación Metodológica Institut Metròpoli Universidad Autónoma de Barcelona.