“Ejercicio de preparación al parto 5” (2021) de Cristina Llanos. Serie «El Pacto secreto”. Dibujo a acuarela sobre papel 70 x 50 cm

Tres arquitectas reflexionan sobre una arquitectura desde los cuidados

María Langarita (Zaragoza, 1979), Zaida Muxí (Buenos Aires, 1964) y Camila Barreau Daly (Santiago de Chile, 1979) forman parte de un proceso fascinante que atraviesa a la arquitectura hegemónica, donde arquitectas, desde muchos países, cuestionan lo aprendido y plantean una profunda revisión de las actuales prácticas arquitectónicas.

Ahondamos, con María Langarita, en cómo la arquitectura debe pensarse desde los procesos vitales reproductivos –recomendamos su entrevista en Futuridades Maternales (2019)– enfocando en la transformación de la viviencia en el espacio urbano como un espacio público que tiene que dejar de tensionar la vida de las infancias y de las personas que las cuidan. Langarita es doctora en arquitectura, Premio Mies Van der Rohe 2013, cofundadora del estudio Langarita Navarro, profesora de la ETSAUN y pensadora desbordante. También, advisor de arquitectura en Posibilita.

 

Después de varias colaboraciones como Resistencia blandengue o prácticas pellejiles (2017) con Jerónimo Hagerman donde reflexionaban, a partir de las categorías planteadas por Langarita Navarro en su tesis doctoral Territorios de excepción. La CV500 como laboratorio de arquitectura, o del ciclo Despatriarcalizar la faloarquitectura: hacia unas prácticas desde cuerpos que cuidan y cuerpos que necesitan ser cuidados (2022), continuamos, hoy día, movilizando el cambio de paradigma hacia una arquitectura desde los cuidados:

 

“La realidad social y su diversidad intenta adaptarse a este soporte físico que es la ciudad. En este proceso, a veces se adapta sin problema, otras veces ha de deformar su natural comportamiento y a veces le resulta imposible y lo rechaza. Sobre el tema de la crianza en el medio urbano, en mi opinión, debemos hacer frente a este estado de mutación de la estructura económico social: la mujer se incorpora al mercado de trabajo remunerado y las labores de crianza que hacía gratuitamente se tienen que seguir haciendo. Este estado genera una enorme controversia: ¿quién se ocupa de la crianza?, ¿cuándo y con qué medios? Además, como la labor de sostén y crianza de las nuevas ciudadanas, así como su alimentación, higiene, mantenimiento de sus medios de vida, había recaído tradicionalmente en la mujer y por ser considerada, históricamente, como un ser de “menos capacidades”, parece ahora que esta actividad es algo que “puede hacer cualquiera”, “de cualquier manera” cuando es en realidad una actividad de enorme complejidad y responsabilidad. Existe un déficit de valor. Como es una labor “no productiva” no es tenida en cuenta en los modelos económicos y por lo tanto no se invierte lo suficiente en los medios necesarios para su realización” comenta, Langarita.

 


Los parques de juegos actuales son extremadamente normativizados permitiendo a las cuidadoras “no tener que preocuparse” sobre cómo jugar, la labor de acompañamiento en la crianza se vuelve amateur, despreocupada, poco creativa, incluso aburrida y esto no me parece positivo para ninguna de las partes


 

“Fuera del espacio doméstico, más conocido, más y mejor diseñado, la amenazas se multiplican. Una de las tensiones más violentas en la convivencia de los distintos medios de transporte y las infancias en la calle. La ciudad a resuelto cercar, acotar dentro de una valla el espacio de los niños en los parques urbanos, pero quizás fuese más interesante delimitar un carril-coche segregando aquello que es más peligroso del resto de actividades (paseo, juego, descanso, incluso bicicletas) que comparten una misma velocidad. Sobre este tema, los parques de juegos actuales son extremadamente normativizados permitiendo a las cuidadoras “no tener que preocuparse” sobre cómo jugar, la labor de acompañamiento en la crianza se vuelve amateur, despreocupada, poco creativa, incluso aburrida y esto no me parece positivo para ninguna de las partes. Otro aspecto el la economía del uso tiempo. Los desplazamientos normativizados (gente que se levanta por la mañana se ducha y se va a trabajar hasta la tarde) suelen ser fundamentalmente desplazamientos radiales en uno u otro sentido. Los movimientos necesarios para las labores de cuidado de dependientes suelen ser concéntricos, perpendicular a lo radial: del colegio, al parque, al centro de salud, a comprar merienda, arreglos, reparaciones, labores de reciclaje, visitas a amigos, familiares. Si observamos un plano de transporte de una ciudad vemos inmediatamente que no todas las trazas de desplazamiento están igualmente cubiertas sobre todo si observamos los medios de transporte alternativos. Al mismo tiempo el trabajador común se desplaza solo y con poco peso; la cuidadora (porque en un 84% los trabajos de cuidados son asumidos por mujeres) puede llegar a transportar gran cantidad de peso entre los propios dependientes y sus enseres y durante mucho tiempo. Veríamos muy raro que un celador de hospital tuviese que andar subiendo escalones con la camilla, que no tuviese un sitio para sentarse cuando necesite descansar o un aseo dentro de las propias instalaciones del hospital, en cambio hemos sido y somos tolerantes cuando este trabajador es una cuidadora cuyo espacio de trabajo es la ciudad” señala, Langarita.

 

Zaida Muxí, actualmente Profesora de Excelencia del Tecnológico de Monterrey (México), y referente internacional en la revisión de la arquitectura patriarcal, nos comparte: “La ciudad y los espacios son patriarcales, porque lo es nuestra sociedad. Y ello se basa en el sometimiento del otro, en este caso otra, de todos los otros diversos y de la naturaleza. Es una construcción falaz, ya que se basa en al independencia, autonomía de ese súper hombre, y los seres humanos somos interdependientes y ecodependientes. Hasta que no lo entendamos y lo traslademos a la sociedad y a los espacio estos serán patriarcales. Otro paradigma en la arquitectura tendrá que venir de la mano de una sociedad, y con ella un sistema económico-productivo, que ponga en primer plano la interdependencia y los cuidados. Una sociedad que valore lo cotidiano y la vida; y no lo extraordinario y la muerte. Esta práctica tendrá que estar más enraizada en la conciencia de la finitud de los medios y de los tiempos por ello trabajar con materiales reciclables y reciclados, y en lo posible dedicarse más a mejorar que a hacer nuevo. Una arquitectura que parta de un diálogo real y auténtico entre personas diferentes, y entre ellas las personas arquitectas, para conformar las necesidades y sus posibles soluciones. Seguramente en términos ideales nuestro entorno (social y urbano) nos debería ofrecer los elementos materiales y de servicios para una vida digna, feliz, plena sin necesidad de poseer”.

 

“Una práctica arquitectónica no-patriarcal, por lo tanto, cuestiona los valores que han dado lugar hasta hoy a mucha arquitectura: lo grande, lo potente, lo caro, lo novedoso por novedad en sí misma sin responder a necesidades reales. Es una práctica más cuidadosa con los medios que utiliza, y los impactos que causa, una arquitectura que se basa en escuchar a la gente con sus pequeñas necesidades (que pueden resultar una inmensidad e dificultad para el día a día), que responde a personas concretas y reales. La arquitectura como práctica hegemónica es patriarcal y ha despreciado la atención a las necesidades diversas de nuestros cuerpos, de nuestros tiempos, porque se ha creído ser un personaje universal, en unas personas abstractas para quienes se proyecta, sin embargo esta neutralidad es falsa, no puede existir porque cada persona está atravesada por múltiples circunstancias que nos hacen múltiples y diversos” señala, Muxí.

 


Proyectar con los tiempos biológicos, sociales, económicos es una gran deuda, todo se proyecta nuevamente para un futuro ideal sin considerar los presentes diversos, y por lo tanto futuros diversos. Cuesta que se visibilicen otras prácticas arquitectónicas que reconozcan la diversidad de cuerpos y necesidades


 

“La idea de la razón objetiva de las decisiones es otro elemento de sesgo de género, sexo, clase, origen. Todos nuestros actos están imbuidos de subjetividad porque comenzando por nuestra experiencia corporal ya nos da una percepción, experiencia y por ende conocimiento diferente y todo esto, el aprendizaje de la arquitectura, no lo introduce como variable (con honrosas excepciones). El cuerpo femenino es el gran desconocido e invisible de la sociedad patriarcal, nuestras singularidades son «anomalías» de ese cuerpo universal masculino. Proyectar con los tiempos biológicos, sociales, económicos es una gran deuda, todo se proyecta nuevamente para un futuro ideal sin considerar los presentes diversos, y por lo tanto futuros diversos. Cuesta que se visibilicen otras prácticas arquitectónicas que reconozcan la diversidad de cuerpos y necesidades, entre otras cosas porque la transmisión de conocimiento tiende a simplificar el mensaje y esa simplificación tiende, como no puede ser de otra manera, a la homogeneidad y otra vez a la falta neutralidad” reflexiona, Muxí.

 

Camila Barreau Daly, cofundadora del estudio Verde Azul Arquitectura Social, y compañera en varios proyectos de reflexión feminista sobre una arquitectura pensada desde la necesidades de las maternidades y el cuidado de personas dependiente, nos comenta:  “La formación que hemos recibido los y las arquitectas se centra en el diseño de edificios, que deben ser vistosos y donde debe quedar grabado tu nombre, lo que te da prestigio social y profesional. Este hecho es útil también al modelo, que se nutre de estos héroes, destacables, citables y de los cuales uno, como estudiante de arquitectura aprende como modelos a seguir. Me atrevo a decir que, en casi la mayoría de las escuelas de arquitectura de esta parte del mundo, Latinoamérica, se nos forma de la misma manera, valorando la práctica arquitectónica en tanto productora de edificios emblemáticos o lo mismo en su versión “espacio público”, mirando siempre mucho a Europa y los parámetros que allá se establecen. Cuando sales a trabajar, si no consigues diseñar edificios, vives tu práctica arquitectónica con mucha frustración. Por ejemplo, cuando te toca diseñar para una persona que quiere hacer una casa con un estilo definido, o tiene mucha claridad respecto a qué espacios quiere y a cómo deberían ir organizados, este arquitecto/a formado/a en el capitalismo patriarcal, androcéntrico, eurocéntrico; intenta luchar contra esos deseos, tratar de anularlos para diseñar algo que cumpla con sus propios deseos, que han sido moldeados por el modelo ya descrito. Es así como el trabajo que yo hago, por ejemplo, de reparar casas con subsidios estatales, sea un trabajo sucio para los arquitectos, algo que no es posible de mostrar en una revista del rubro o de compartir entre colegas como un trabajo destacado, aunque sea un trabajo que genera un impacto profundo en la vida cotidiana de las personas habitantes. Nosotros lavamos la ropa de la arquitectura”.

 

“Para mí, la práctica arquitectónica debería constituirse como una interfaz dialógica entre los habitantes y lo construido. La persona que ejerce dicha práctica debería operar con gran sutileza, orientándose a interpretar los deseos de quien habitará los espacios que se está diseñando, para guiarlo hacia un proyecto construible, en el que dicho habitante pueda desarrollar fluidamente su vida. Esto no quiere decir que el o la arquitecta solo ponga a disposición sus conocimientos técnicos, ya que este trabajo de encastre entre arquitecta y mandante/habitante, este diálogo, requiere de habilidades muy especiales y de transformar el ego que busca la obra monumental en uno que se satisface con la interpretación profunda de los requerimientos del habitante. Esta práctica arquitectónica actuaría entonces desde el reconocimiento del otro/a validando auténticamente los conocimientos de cada habitante como guía para proyectar lo construido” nos comparte, Barreau Daly.

 

“Si anulamos la monumentalidad y el ego del diseñador actual, los y las arquitectas nos sentiríamos realizados al abordar cualquier etapa de lo construido, co-diseñando, reparando, renovando, restaurando y esto, en relación con cualquier tipo de espacio construido: baños, cocinas, fachadas, techumbres, pequeños espacios públicos. Su validación sería la conformidad de las personas habitantes, no las revistas de arquitectura. Me parece que la arquitectura debe ser más una labor de cuidados que una de poder. Hablar de arquitectura es enfrentarse al capital, ya que el dinero es condición de posibilidad para la arquitectura en este sistema de acumulación de capitales, de división del trabajo. El dinero con el que se compra el terreno, los materiales para construir, el dinero con el que se pagan los honorarios profesionales y me atrevo a decir, el dinero con el que se soborna a las autoridades para esquivar las normas urbanísticas. Se opone a esto la experiencia de la arquitectura vernacular, que ha sido una práctica histórica de lo posible, que construye con los materiales del lugar y con el trabajo de los presentes. ¿Cuál es la condición de posibilidad para esta práctica arquitectónica? Pues simplemente la vida y sus procesos” señala, Barreau Daly.

 


La lucha política entonces debiese ser la de liberarnos por medio del reconocimiento de nuestros cuerpos que dan vida para, desde allí, exigir los espacios adecuados para ellos y todos los procesos que desencadenan, como la crianza de las futuras personas ciudadanas. Si la arquitectura respondiese a ello, debería hacerse más pequeña, más acogedora, convertirse en hogar


 

“La lucha política entonces debiese ser la de liberarnos por medio del reconocimiento de nuestros cuerpos que dan vida para, desde allí, exigir los espacios adecuados para ellos y todos los procesos que desencadenan, como la crianza de las futuras personas ciudadanas. Si la arquitectura respondiese a ello, debería hacerse más pequeña, más acogedora, convertirse en hogar. La práctica arquitectónica debería transformarse en proceso, alejarse de ser solo un resultado, acunar la vida en sus procesos. Y no se trata de hacer hegemónico un pensamiento biologicista, ya que la reproducción social no depende solo del cuerpo femenino, sino de involucrarnos todos y todas en esta domesticidad que son los cuidados que la vida otorga y requiere en ciclos infinitos. Liberarnos de las exigencias de la productividad sin sentido, avocarnos a cuidarnos todos y todas, haciendo una arquitectura que nos contenga y haga felices. Se hace muy difícil hacer arquitectura feminista si no cambiamos el modelo” nos narra, Barreau Daly.

 

Tanto, María Langarita, Zaida Muxí o Camila Barreau Daly ponen sobre la mesa un proceso de resignificación, en marcha, de lo que se considera prioritario y lo que no, desde las prácticas arquitectónicas actuales feministas. No son sólo ellas, son cientos de arquitectas, desde todos los rincones del mundo, y desde aquí, desde Posibilita, también se suman a esta movilización nuestra colaboradora en contenidos, Sofía Valenzuela Fuentes, arquitecta y docente en el Tecnológico de Monterrey (Guadalajara, México) y fundadora de Mamá Urbana y nuestra área de I+D Arquitectura Posibilita: Mariana Alonso–Misol experta en bio–habitabilidad desde ejes de género y arquitecta de interiores en L35 Architects (Barcelona); Tania Osorio Harp doctora UC Berkeley College of Environmental Design y la arquitecta enfocada en proyectos con propósito, Alba Blázquez Mbila.

 

Luisa Fuentes Guaza es fundadora y coordinadora general de Posibilita y experta en feminismos, reproducción social y prácticas culturales.

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