La incorporación de la perspectiva de género a la vivienda implica reconocer la diversidad de los cuerpos que la habitan y sus proyectos vitales en su complejidad. Nuestros cuerpos, nuestras necesidades y nuestros deseos van mutando a lo largo de la vida (en la infancia, adolescencia, madurez, vejez). Sin embargo, nuestras viviendas no se adaptan fácilmente a esos cambios, limitando nuestras posibilidades, desarrollo y bienestar. Necesitamos casas versátiles y flexibles que evolucionen con nosotras, que mejoren nuestra calidad de vida y disminuyan nuestras dependencias con espacios ricos, funcionales y capaces de albergar la variedad de actividades cotidianas.
Como afirma la antropóloga Almudena Hernando, la gente construye los objetos tanto como los objetos construyen a la gente. Somos como somos, entre otras cosas, porque utilizamos determinada cultura material (1). La configuración espacial contribuye a la generación y reproducción de los roles género, a una jerarquización de las relaciones y a una desvalorización e invisibilización del cuidado formal e informal, a menudo realizado por mujeres migrantes, con escasos recursos económicos y, con frecuencia, racializadas. Es por ello que desde la arquitectura feminista doméstica –Dolores Hayden (2) , Susana Torre (3) , Zaida Muxí (4) y Col·lectiu Punt 6 (5) entre otras– se reivindica el diseño de viviendas desde una perspectiva de género interseccional que ponga la vida en el centro, visibilice los trabajos de cuidados, genere espacios conciliadores y favorezca la autonomía de todas las personas, así como una mayor corresponsabilidad en las tareas domésticas y de cuidados. Algunas estrategias de diseño son:
Colectivizar los cuidados
El diseño de espacios que posibiliten la colectivización y socialización de los cuidados permite una visibilización mayor de los mismos y los valoriza, favoreciendo la corresponsabilidad. En este sentido, encontramos ejemplos tanto en viviendas comunes con cocinas con espacio suficiente para facilitar el trabajo de varias personas simultáneamente o comedores conectados espacial o visualmente con la cocina que permitan interrelación como en proyectos de vivienda colectiva con cocinas o lavanderías comunitarias.
Autonomía
Si hablamos del trabajo reproductivo y de cuidados, estamos hablando también de personas dependientes de otras. Esta situación no es única de las personas enfermas, sino que es algo común a todas las personas a lo largo de los diferentes momentos de su vida (niñez, enfermedad o lesión, embarazo, vejez, etc.). Por este motivo, aunque facilitar las actividades de cuidado es importante, aumentar la autonomía de todas las personas resulta vital. Por un lado, desde un punto de vista de derechos, para permitir a personas con diferentes capacidades el uso autónomo de la vivienda y potenciar los beneficios personales derivados de la independencia. Por otro lado, como consecuencia positiva, se reduce considerablemente el tiempo de los cuidados, liberando así a la persona cuidadora para poder descansar, realizar trabajos remunerados u otras tareas.
Flexibilidad
Quizá una de las características fundamentales a la hora de diseñar debiera ser la flexibilidad espacial. Primeramente, porque el diseño de las viviendas responde a un modelo de familia tradicional que en la actualidad solo se da en un 34% de los casos. La familia nuclear (conformada por madre, padre e hijas/hijos) no es la única realidad actualmente. Por el contrario, hay un aumento de personas que viven solas, que comparten piso, familias monomarentales, etc. Por ello, debemos romper con los esquemas tradicionales para diseñar viviendas que se adapten a esta diversidad y cambio con soluciones de flexibilidad temporal, de fórmulas espaciales que evolucionen, que se adecúen a las variaciones de necesidades; y de flexibilidad económica en los regímenes de tenencia.
Espacios conciliadores
La configuración de las viviendas debe facilitar la realización de diferentes actividades, permitiendo simultanearlas, adaptándose a situaciones diversas para hacer del hogar el conjunto de espacios que posibiliten un mayor equilibrio entre la vida laboral, familiar y personal, con una distribución que facilite el cuidado de la persona dependiente y permita el desarrollo de la vida en la casa y de las personas cuidadoras.
Eficiencia doméstica
Se plantea el diseño buscando una simplificación de las tareas domésticas en tiempo y esfuerzo ya que todos los espacios necesitan ser limpiados y mantenidos regularmente. Por ello, se atiende a los ciclos domésticos, como el ciclo de la ropa o ciclo de la comida (Col·lectiu Punt 6 – Urbanisme feminista per a la vida quotidiana) para que los espacios tengan una distribución lógica y funcional para realizar estas tareas. Además, se eligen materiales sostenibles, de larga duración y fácil mantenimiento.
Espacio de almacenaje
Una vivienda que permita simplificar las labores domésticas necesita de un espacio de almacenaje suficiente y adecuado. Para ello hay que tener en cuenta las distintas necesidades que tenemos en función de la diversidad vital, familiar, laboral, de ocio, etc.
Zonas comunes
Por último, dado que más de un 70% de la ciudadanía vive en bloques de pisos (6), las zonas comunes son también espacios de vital importancia para articular una vida en colectivo, frente a la individualización actual. En gran medida, de su diseño dependerá la capacidad de estos espacios de interrelación para potenciar que las vecinas y vecinos puedan tejer redes de apoyo y crear comunidad, influyendo positivamente en el cuidado mutuo.
Construyendo en común
En suma, reivindicamos hogares que se adapten a las necesidades de las personas en el contexto social actual y pueblos, barrios y ciudades adecuadas a los intereses de las vecinas y vecinos. Por último, para que sea posible, asequible y al alcance de una mayoría social, esto debe reflejarse también en las normativas y las políticas de vivienda, protegiendo el derecho a una vivienda digna y adecuada y desincentivándola como un bien de consumo e inversión.
BATÏQ es una cooperativa de arquitectura y diseño urbano accesibles e inclusivos especializado en accesibilidad universal, vejez, género y diseño participativo desde Madrid/Iruña/Suiza; colaboradora con Posibilita en la elaboración de contenidos sobre vivienda, mujeres, accesibilidad, discapacidad y vejez. Más info aquí
Bibliografía
- El Cuaderno. Entrevista a Almudena Hernando.
- Hayden, Dolores (2023). La gran revolución doméstica. Editorial Puente
- Torre, Susana (2020). El espacio como matriz
- Muxí, Zaida (2018). Mujeres casas y ciudades: Más allá del umbral. Editorial:DPR- Barcelona
- Col·lectiu punt 6. (2017). Entornos habitables. Auditoría de seguridad urbana con perspectiva de género en la vivienda y el entorno. Editorial: Col·lectiu Punt
- Observatorio de vivienda y suelo. Censo 2011.