La dificultad estructural de acceso a la vivienda que atraviesan muchas mujeres no puede leerse únicamente como una disfunción del mercado inmobiliario ni como una coyuntura económica adversa. Se trata de un fenómeno profundamente inscrito en relaciones históricas de género, en la división sexual del trabajo, en la precarización sistemática
Tomada el pasado verano, la instantánea ya forma parte de la historia colectiva: Un grupo de vecinas sentadas en sillas de camping, al anochecer, ríen mientras hablan entre ellas. No se sabe quién tomó aquella foto, que en cuestión de horas arrasaría en las redes. Se trata de la primera
Tomada el pasado verano, la instantánea ya forma parte de la historia colectiva: Un grupo de vecinas sentadas en sillas de camping, al anochecer, ríen mientras hablan entre ellas. No se sabe quién tomó aquella foto, que en cuestión de horas arrasaría en las redes. Se trata de la primera
La dificultad estructural de acceso a la vivienda que atraviesan muchas mujeres no puede leerse únicamente como una disfunción del mercado inmobiliario ni como una coyuntura económica adversa. Se trata de un fenómeno profundamente inscrito en relaciones históricas de género, en la división sexual del trabajo, en la precarización sistemática
Tomada el pasado verano, la instantánea ya forma parte de la historia colectiva: Un grupo de vecinas sentadas en sillas de camping, al anochecer, ríen mientras hablan entre ellas. No se sabe quién tomó aquella foto, que en cuestión de horas arrasaría en las redes. Se trata de la primera