Las intervenciones visuales y culturales contemporáneas participan activamente en la manera en que imaginamos nuestras vidas, nuestros cuerpos y nuestros espacios cotidianos. Partiendo de esta premisa, uso este espacio para proponer lecturas de representaciones visuales que tratan el espacio doméstico no como un fondo neutro o una escenografía íntima, sino como un lugar atravesado por fuerzas diversas, donde se producen subjetividades, modos de afecto, deseos y formas de vida posibles. Me interesa, además, mostrar cómo aquello que suele pensarse como propio del ámbito público, lo económico, lo político, por ejemplo, se inscribe y se gestiona en el espacio doméstico, y cómo en esa intersección las mujeres ocupan lugares, despliegan asuntos vitales propios y producen determinadas estéticas.
Las piezas que sobre las que reflexiono se sitúan en espacios concretos del hogar, como la sala, el comedor, el dormitorio, el álbum de fotos, y muestran o evocan cuerpos de mujeres que los ocupan y los activan: cocinan, cuidan, ordenan, recuerdan, sostienen la vida. Con frecuencia se trata de obras multimedia realizadas con técnicas tradicionalmente asociadas a las mujeres, como como el tejido, el bordado, la cerámica o el trabajo en miniatura, cuyos gestos, saberes y materiales aparecen incorporados en las imágenes mismas. Lejos de una mirada nostálgica o idealizada, estas prácticas trabajan las labores del sostén de la vida como fuerzas activas y vitales, capaces de transformar no solo nuestra comprensión del arte contemporáneo, sino también del hogar como espacio social y político.
El espacio doméstico se revela así como un terreno donde se producen formas de agencia, de goce y de imaginación tanto individual como colectiva, que no se reducen a la lógica de la reproducción ni buscan necesariamente validación externa
En estas representaciones, la casa deja de aparecer como un ámbito cerrado, privado y despolitizado. La organización material del espacio, los gestos que allí tienen lugar, los recorridos de los cuerpos y las relaciones entre estos elementos adquieren centralidad en la medida en que organizan el tiempo, el trabajo, el afecto y el deseo. El espacio doméstico se revela así como un terreno donde se producen formas de agencia, de goce y de imaginación tanto individual como colectiva, que no se reducen a la lógica de la reproducción ni buscan necesariamente validación externa. De este modo, estas intervenciones visuales nos permiten presenciar a mujeres, o cuerpos que se identifican como mujeres, construyendo y desplegando asuntos vitales propios, e incluso, como espectadoras, participar de ese proceso.
Abrir preguntas que nos permitan imaginar otros linajes de prácticas, otros asuntos vitales propios, específicos, expansivos y dinámicos y, con ello, otros modos de habitar el espacio doméstico
No propongo lecturas definitivas ni exhaustivas. En diálogo con tradiciones feministas que han insistido en politizar lo cotidiano, desde la performatividad de los gestos domésticos hasta los feminismos utópicos y materialistas que piensan el cuidado y la reproducción como campos de experimentación colectiva, me interesa desplazar sentidos naturalizados sobre el hogar, el trabajo doméstico y los cuerpos que lo habitan. Pero, sobre todo, abrir preguntas que nos permitan imaginar otros linajes de prácticas, otros asuntos vitales propios, específicos, expansivos y dinámicos y, con ello, otros modos de habitar el espacio doméstico, que iré explorando en los textos que publicaré aquí.
Mariana Barreto Ávila es responsable de contenidos internacionales Posibilita, Doctora en español y portugués por Northwestern University y multi-lingual social researcher.