La cual se presenta, desde sus propias palabras, como “consultora en Innovation & housing policies, ex–directora Vivienda Gobierno de Navarra, mamá e hija y cuidadora que intenta cuidarse”. Con una trayectoria, internacionalmente, consolidada, Arrondo, ha pasado por administraciones públicas como la navarra y el Instituto de Vivienda y Renovación del Ayuntamiento de Barcelona –desde donde apoyó la agenda internacional de vivienda social y asequible a través de redes internacionales– y colabora con entidades, tales como, Fundación HOGARSÍ Sant Joan de Deu, la Red Vivienda Cooperativa o Network of Cities for Collaborative Housing
Desde Posibilita nos emociona poder compartir esta entrevista, por el hecho de que Arrondo es una de las pocas expertas españolas en políticas de vivienda, desde la transversalización de la perspectiva de género (anclaje, a su vez, en el core de Posibilita); unido a su empuje –firme y perseverante– para ser una fuerza aliada en el proceso de consolidación del marco jurídico que permita el despliegue de los proveedores de vivienda asequible o social housing –donde nos situamos nosotras– por lo ancho y largo del territorio del Estado Español.
Maite, como experta en innovación e impacto social en políticas de vivienda, asequibilidad, derechos sociales, perspectiva de género y fórmulas alternativas de acceso a la vivienda, ¿nos podrías compartir qué has identificado en políticas europeas de vivienda, ya funcionando, que facilitan el acceso a la primera vivienda para madres separadas y familias monomarentales, dado que son un colectivo en riesgo de exclusión social?
Creo que lo primero que habría que señalar es que, en Europa, allí donde se existen sistemas de vivienda más asequibles, estables y diversos, y que dentro de esos sistemas reconocen las situaciones de mayor vulnerabilidad es donde mejor se da respuesta tanto a las madres separadas como a familias monoparentales. Hay varias líneas interesantes.
La primera es la existencia de un parque amplio de vivienda social o asequible, especialmente en países como Austria, Países Bajos o algunos modelos del norte de Europa, donde el acceso a la vivienda no depende únicamente de la capacidad individual de competir en el mercado libre. Cuando existe un sector de vivienda asequible fuerte, gestionado por entidades públicas, cooperativas, entidades sin ánimo de lucro o de lucro limitado, así como actores sociales especializados, las familias con un solo ingreso —como muchas familias monomarentales— tienen más posibilidades reales de acceder a una vivienda sin destinar una parte desproporcionada de sus ingresos.
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La segunda línea es la diversificación de las fórmulas de acceso. No todo puede ser propiedad privada o alquiler de mercado. En Europa encontramos modelos de alquiler asequible, alquiler con renta ajustada a ingresos, cooperativas de vivienda, cesión de uso, vivienda protegida permanente, entidades de lucro limitado, housing associations o fórmulas intermedias entre alquiler y propiedad. Esta diversidad es clave porque las trayectorias vitales de las mujeres.
La tercera línea tiene que ver con las nuevas herramientas financieras, como la inversión de impacto en vivienda. Bien orientada, puede ser una oportunidad para movilizar capital hacia proyectos que no buscan sólo rentabilidad económica, sino también impacto social: vivienda asequible, rehabilitación, inclusión residencial, acceso de colectivos excluidos o fórmulas de propiedad y alquiler más protegidas. Ahora bien, ahí hay una condición fundamental: la asequibilidad debe quedar garantizada de forma permanente o, al menos, a muy largo plazo. Si no, corremos el riesgo de producir vivienda “asequible” durante unos años que después vuelve al mercado libre y alimenta nuevas dinámicas especulativas.
“En España todavía necesitamos mejorar mucho la calidad, trazabilidad y transparencia de la información sobre vivienda asequible: quién construye, quién promueve, quién financia, quién invierte, bajo qué condiciones, durante cuánto tiempo se garantiza la asequibilidad y qué ocurre con esas viviendas después”
Y aquí España tiene un aprendizaje pendiente. Durante décadas se ha producido vivienda protegida que, pasado un periodo de tiempo, se ha descalificado y ha pasado al mercado libre. El extraordinario trabajo de Fundación CIVIO sobre la descalificación de vivienda protegida muestra precisamente este problema: no basta con construir más si no protegemos lo construido. El reto no es solo producir nuevas viviendas, sino introducir una lógica de largo plazo que prevenga la especulación y preserve la función social de la vivienda. Aquí informe elaborado por Fundación CIVIO sobre Viviendas protegidas desde 1991 por comunidad autónoma donde constatan que al cierre de 2025, algo menos de 1,13 millones de viviendas siguen dentro de su plazo de protección, pero más de medio millón de ellas pueden haber sido descalificadas voluntariamente de forma anticipada.
¿Tendríamos que poner un mayor foco de atención en la accesibilidad habitacional para las madres dado que sostienen con sus fuerzas, trabajo y sostén diario a las futuras cuidadanas y ciudadanos? El aparato estatal y financiero, ¿debería poner mayor foco en la accesibilidad residencial de las madres?
La maternidad, y especialmente la maternidad sostenida en solitario, no debería ser interpretada como un factor de riesgo individual o como una situación que penaliza a la mujer, sino como una realidad social que debe ser reconocida y apoyada. Sostener la reproducción social: crianza, cuidados, acompañamiento educativo, gestión cotidiana de la vida familiar, conciliación y sostenimiento emocional siguen siendo asumido de forma abrumadora por las mujeres.
Sin embargo, muchas políticas de vivienda siguen operando desde un modelo de hogar implícito que presupone dos ingresos, estabilidad laboral, apoyo familiar y alta capacidad de endeudamiento. Por eso, el foco debería desplazarse desde “qué déficit tiene esta madre” hacia “qué barreras estructurales está produciendo el sistema de vivienda”. Si una madre separada o monomarental no puede acceder a una vivienda adecuada, no es porque haya fallado individualmente, sino porque el sistema no está respondiendo a hogares con un solo ingreso, con menores a cargo, con brechas salariales, con cargas de cuidado
Como investigadora y consultora en políticas de vivienda, estás muy cerca de las prácticas arquitectónicas, hay un diálogo de ida y vuelta donde una alimentan de las otras, me gustaría preguntarte, si las condiciones biohabitabilidad de ejes de género, ese decir, la característica materias, constructivas y arquitectónicas de una vivienda, ¿las podríamos incluir en el artículo 47 CE donde se habla del derecho fundamental a la vivienda digna y adecuada e incluir condiciones de biohabitalidad desde ejes de género como mínimos innegociables, hablando de espacios que favorecen la salud y bienestar presente y futuro, entendiendo que con “adecuada” nos referimos a espacios que no dañan nuestros sistemas endocrinos, hormonales, nerviosos y los diversos ciclos que atravesamos a lo lago de la vida?
El artículo 47 CE habla del derecho a una vivienda digna y adecuada. Aunque el texto constitucional no desarrolla en detalle qué significa “adecuada”, precisamente ahí hay un campo de interpretación y de desarrollo normativo muy importante. Y creo que sí podemos y debemos ampliar el contenido material de la vivienda adecuada. Una vivienda adecuada no puede ser solo una vivienda con techo, paredes y acceso formal. Tiene que ser una vivienda que no dañe, que permita vivir, cuidar, descansar, recuperarse, criar, envejecer y desarrollar un proyecto de vida.
La perspectiva de género es fundamental porque las viviendas no son neutras. La distribución de los espacios, los materiales, la localización, la relación con equipamientos, el diseño de cocinas, baños, habitaciones, zonas comunes o espacios de almacenamiento afectan de manera distinta a quienes pasan más tiempo cuidando, teletrabajando, criando o sosteniendo la vida cotidiana. Y esas personas siguen siendo mayoritariamente mujeres. Si hablamos de vivienda digna y adecuada, tenemos que hablar también de viviendas que no enfermen, que no precaricen la vida cotidiana y que no reproduzcan desigualdades de género a través del propio diseño del espacio.
“Si este tipo de fórmulas (proveedores vivienda asequible) consigue atraer capital, conocimiento técnico y capacidad de gestión hacia objetivos sociales concretos, puede abrir oportunidades interesantes. Pero la clave es cómo se regulan y qué garantías incorporan. La inversión de impacto en vivienda sólo tiene sentido si el impacto social queda protegido frente a la lógica de rentabilidad a corto plazo”
Propones europeizar las políticas de vivienda (diversificar fórmulas de oferta y por todo lo que debe acompañar: construcción, ayudas públicas, control y regulación del mercado, participación, transparencia de datos, vivienda industrializada, fórmulas mixtas que tiendan a facilitar la asequibilidad de la vivienda, etc). ¿Podrías ahondar en esto?
Por eso, europeizar las políticas de vivienda significa ampliar el campo de respuestas. No basta con construir más vivienda si esa vivienda no queda protegida en el tiempo. El reto no es solo producir, sino producir vivienda que permanezca asequible y que no vuelva al mercado libre tras unos años. En España tenemos una experiencia muy clara con la vivienda protegida descalificada: se produjo vivienda con apoyo público, pero no siempre se preservó su función social a largo plazo. El trabajo de Fundación CIVIO sobre la descalificación de vivienda protegida en los próximos años es una llamada de atención fundamental en este sentido.
También necesitamos mucha más transparencia. En España todavía falta información de calidad y trazabilidad sobre quién está construyendo, quién promueve, quién financia, quién invierte, con qué condiciones, durante cuánto tiempo se garantiza la asequibilidad y qué ocurre con esas viviendas después. Sin saber quiénes son los actores, promotores e inversores reales del sistema residencial, es muy difícil diseñar políticas públicas efectivas.
En este marco, iniciativas como Posibilita me parecen especialmente interesantes porque muestran cómo podrían materializarse, en la práctica, algunos de esos nuevos actores regulados que se plantea en el nuevo marco legal.
Su apuesta por trabajar sobre vivienda existente, ajustar la operación económica al precio de tasación, incorporar reformas desde ejes de género y acompañar el acceso a financiación puede leerse como un ejemplo innovador de cómo podrían funcionar estos operadores de vivienda asequible o social. Ahora bien, para que este tipo de fórmulas escalen de forma justa, es fundamental que exista un marco regulatorio que garantice transparencia, control de costes, protección frente al sobreendeudamiento, calidad residencial, impacto social y, sobre todo, permanencia de la asequibilidad.
“Europeizar las políticas de vivienda significa diversificar actores, fórmulas y herramientas: inversión pública, inversión de impacto, operadores sociales, cooperativas, vivienda protegida permanente, rehabilitación, regulación del mercado, ayudas públicas, participación, transparencia de datos y nuevas fórmulas de acceso”
Por tanto, europeizar las políticas de vivienda significa diversificar actores, fórmulas y herramientas: inversión pública, inversión de impacto, operadores sociales, cooperativas, vivienda protegida permanente, rehabilitación, regulación del mercado, ayudas públicas, participación, transparencia de datos y nuevas fórmulas de acceso. Pero siempre con una idea central: la vivienda asequible no puede ser una solución temporal que después vuelve a alimentar la especulación. Tiene que ser una infraestructura social de largo plazo.
Comentabas que “Holanda, Austria o Reino Unido existen la fórmula Housing Association entidades jurídicas con ánimo de lucro limitado que promocionan la vivienda desde precios asequibles. Aquí esto no existe: hay o mercado público o mercado privado”. Cuales tu valoración, como experta europea en vivienda asequible, de una de las estrategias que estamos articulando donde analizamos los activos inmobiliarios, optimizamos todas las partes del proceso –a través de nuestro propio algoritmo que llamamos Calculadora Interna Posibilita– para reutilizar el parque inmobiliario existente, aplicar una reforma arquitectónica ajustada, desde costes negociados al máximo, pero cuyo proyecto está muy pensado por arquitectas especializadas en arquitectura de cuidados, aplicando las más precisas y avanzadas soluciones arquitectónicas que faciliten crianza, ciclos de trabajo domésticos, almacenaje, materiales no dañinos, etc y facilitar la tramitación de la financiación hipotecaria al 100×100 apoyadas en los Línea Avales Públicos ICO Primera Vivienda acceso a la primera vivienda.
Me parece una estrategia muy interesante, sobre todo porque parte de una realidad muy concreta: hay muchas mujeres que no encajan ni en el mercado libre tal como está diseñado ni en los programas públicos más restrictivos. Mujeres con un sueldo, madres separadas, familias monomarentales, mujeres migrantes o mujeres mayores de 40 y 60 años que quizá tienen capacidad de sostener una cuota razonable, pero no tienen acceso al ahorro inicial, a la información, a la negociación o a una arquitectura pensada para sus necesidades reales. Hay elementos de vuestra propuesta que me parecen especialmente valiosos.
Primero, trabajar sobre vivienda de segunda mano y reutilizar el parque existente, la política de rehabilitación debe ser clave también para facilitar el acceso a la vivienda. Segundo, ajustar el precio de compra al precio de tasación, y no solo al precio que fija el mercado en cada momento, introduce una lógica importante al abrir espacio para una negociación basada en criterios técnicos, viabilidad económica y asequibilidad real. Tercero, incorporar una reforma arquitectónica desde ejes de género añade una dimensión que casi nunca está presente en las políticas de acceso. No se trata solo de comprar una vivienda, sino de que esa vivienda sea vivible, saludable, eficiente y adecuada para los ciclos de vida, los cuidados y la autonomía.
Además, creo que iniciativas como esta conectan con un debate más amplio sobre nuevas herramientas para ampliar el acceso a la vivienda, incluida la inversión de impacto. Si este tipo de fórmulas consigue atraer capital, conocimiento técnico y capacidad de gestión hacia objetivos sociales concretos, puede abrir oportunidades interesantes. Pero la clave es cómo se regulan y qué garantías incorporan. La inversión de impacto en vivienda solo tiene sentido si el impacto social queda protegido frente a la lógica de rentabilidad a corto plazo.
Dicho esto, también creo que habría que cuidar mucho los riesgos. La financiación al 100% puede ser una oportunidad, pero también puede convertirse en sobreendeudamiento si no hay filtros sólidos de asequibilidad. Sería importante asegurar que la cuota hipotecaria, comunidad, suministros, seguros, mantenimiento y posibles imprevistos no coloquen a estas mujeres en una situación de fragilidad económica. También habría que garantizar informes técnicos independientes, transparencia en los costes de reforma, acompañamiento jurídico-financiero y mecanismos de protección si cambian las circunstancias vitales.
Y añadiría otra cautela: si hablamos de generar vivienda asequible mediante nuevas fórmulas, deberíamos preguntarnos cómo se mantiene esa asequibilidad en el tiempo. En el caso de compra individual, esto es más complejo que en el alquiler asequible o en la vivienda protegida, pero se pueden explorar mecanismos de protección: limitación de plusvalías, acuerdos de recompra, tanteo y retracto, acompañamiento en la reventa o modelos híbridos que eviten que todo el esfuerzo social inicial acabe absorbido por el mercado.
En resumen, me parece una fórmula valiosa si se plantea como una estrategia de acceso acompañado, responsable y no especulativo. Una fórmula que abre una vía complementaria a las políticas públicas existentes muy interesante para perfiles que hoy quedan fuera de casi todo.
¿Te parece problemático facilitar el acceso a propiedad como estrategia emancipatoria de las mujeres como colectivo que arrastra una profunda herida de desposesión en vivienda propia? Desposesión marcada por el hecho de que el acceso al propio hogar, por parte de una mujer, estaba y está condicionado a ser parte de una estructura biparental de crianza, mayoritariamente heteronuclear o a la presunción de que existe un apoyo económico para el acceso habitacional desde la familia origen consanguínea?
No me parece problemático en sí mismo. Lo problemático sería pensar que la propiedad es la única vía de emancipación, o que todas las mujeres deben aspirar necesariamente a ser propietarias. Pero facilitar el acceso a la propiedad puede ser una estrategia emancipatoria muy potente para algunas mujeres, especialmente en contextos donde la vivienda ha estado históricamente mediada por la pareja, la familia o la dependencia económica.
Aquí me parece muy pertinente recuperar el trabajo de Ingrid Westendorp, que fue mi directora de tesis de fin de máster en Maastricht. En su obra Women and Housing: Gender Makes a Difference, Westendorp muestra precisamente que el acceso de las mujeres a una vivienda adecuada no puede analizarse como una cuestión neutra, porque el género condiciona de forma directa las posibilidades reales de acceso, seguridad, autonomía y permanencia en la vivienda.
“Poder acceder a una vivienda en propiedad puede significar seguridad, autonomía, estabilidad para los hijos e hijas, protección frente a relaciones de dependencia y capacidad de construir patrimonio. Pero hay que formularlo con cuidado. La propiedad solo es emancipatoria si no reproduce nuevas formas de captura”
Desde esa mirada, hay una herida de desposesión muy clara. Muchas mujeres han accedido históricamente al hogar a través de estructuras biparentales, matrimoniales, familiares o heteronormativas. Cuando esas estructuras se rompen, o cuando nunca han existido como red de apoyo, el acceso a una vivienda propia se vuelve enormemente difícil.
En ese sentido, poder acceder a una vivienda en propiedad puede significar seguridad, autonomía, estabilidad para los hijos e hijas, protección frente a relaciones de dependencia y capacidad de construir patrimonio. Pero hay que formularlo con cuidado. La propiedad solo es emancipatoria si no reproduce nuevas formas de captura: hipotecas imposibles, viviendas de mala calidad, aislamiento urbano, endeudamiento excesivo o ausencia de apoyos. Por eso creo que la clave no es propiedad sí o no, sino bajo qué condiciones.
Muchas gracias, Maite. Un gran privilegio contar con tu reflexión y experiencia. Esperamos poder tenerte cerca en este proceso –enorme e intenso– en el que estamos, como proveedoras sociales de vivienda asequible, de ir consolidando el social housing con enfoque de género por el territorio del Estado Español y aspirar a que desde el aparato estatal se puedan articular un régimen jurídico que posibilite esta estrategia de acceso a la vivienda asequible. ¡Seguimos!
Luisa Fuentes Guaza es fundadora&coordinadora Posibilita y experta en feminismos, reproducción social y prácticas culturales.