NOTICIAS SOBRE Mariana Barreto Ávila

Ahora las formas más primarias de violencia contra las mujeres quedan reservadas a los peores especímenes, y aquellos que se consideran “buenos” e incluso “feministas” se quedan sin más opción que ostentar su autoridad a través de violencias más sutiles, menos evidentes y, sobre todo, menos despreciables socialmente.
Frente a modelos rígidos, repetitivos y pensados desde una única idea de familia, nuestras casas parten de la diversidad y las necesidades que atraviesan a las mujeres, madres e infancia.
No habitamos únicamente el interior de la vivienda, sino también aquello que percibimos a través de ella.
Apostar por materiales reciclables, con menor huella de carbono y con una larga vida útil es una de las decisiones más eficaces a la hora de reducir el impacto ambiental de una vivienda.
Habitar no ocurre únicamente entre cuatro paredes, ocurre en la relación con otras personas, con el entorno y con lo compartido.
Zaida Muxí, arquitecta y urbanista feminista (Buenos Aires, 1964), aterriza qué significa la arquitectura desde perspectivas de género: “Se trata de trabajar con las mujeres, entender que la problemática que ellas enfrentan abarca todas las otras problemáticas. Cuando ellas explican cómo es su vida, no solo hablan de ellas, sino que hablan de todo, son las que cuidan”.
La arquitectura de cuidados parte de reconocer que la experiencia de cuidar es información valiosa para el diseño del espacio. Es un conocimiento situado que puede transformar la manera en que se proyectan casas, escuelas, hospitales, barrios y ciudades enteras.
La casa Posibilita propone entender la vivienda como una infraestructura de cuidado, ya que cuidar no es solo atender a alguien en momentos puntuales, sino gestionar condiciones cotidianas para que la vida sea sostenible.
El espacio doméstico deja de ser un fondo neutro para convertirse en un terreno de agencia, deseo e imaginación para las mujeres.
GTA busca que el trabajo de cuidado y comunidad regrese a quienes lo producen, ofreciendo seguridad y permanencia en los barrios.
El acceso a la vivienda en propiedad se traduce en mejoras sustantivas en la calidad de vida de las beneficiarias —ingresos, seguridad financiera, salud y educación— con impactos concretos sobre el bienestar y las trayectorias intergeneracionales.
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