Global

La biohabitabilidad no es un lujo, ni una tendencia verde. Es una herramienta de justicia social, de salud pública y de cuidado colectivo.
Un centro comunitario es entonces, una oportunidad para auto–organizarse, para conocerse, sostenerse, discurrir y disputar. Es un acto de memoria, ya que da espacio al encuentro entre generaciones, da espacio a la conversación y al traspaso de historias, sabidurías y también a las incertidumbres del momento y del futuro
Para mujeres con criaturas a su cargo que han atravesado prisión, la vivienda estable cumple una función decisiva en la reconstrucción de proyectos vitales, en la reunificación familiar y en la reducción de dependencias económicas que pueden reproducir dinámicas de subordinación o violencia. Sin un espacio seguro donde habitar, la salida de prisión es puramente formal; la exclusión continúa operando bajo otras formas.
Reimaginar el hogar deja así de ser un problema exclusivamente arquitectónico, técnico e individual, para convertirse en un proceso de invención colectiva de otras formas de habitar, cuidar y sostener la vida fuera de las lógicas extractivas del capital
El hogar como primer ecosistema del cerebro de la madre y su bebé desde lo que las investigadoras de mindfulparenting y neurociencia observan hoy.
Este proyecto no requiere esperar a la construcción de obra nueva, un proceso lento y costoso, sino que se enfoca en la movilización eficiente del stock residencial existente. A través de la intermediación profesionalizada y la negociación colectiva, vemos posible desbloquear las condiciones hipotecarias inalcanzables a título individual y activar viviendas actualmente fuera del mercado
La propuesta de Posibilita se basa en generar nuevas ventanas de oportunidad para sectores de la población que quedan desprotegidos por el mercado y por las políticas públicas, usando el poder de la negociación en colectivo, la rehabilitación del parque disponible y la creación de redes de apoyo.
Además de los límites evidentes que supone ingresar menos dinero que una familia biparental, la dependencia de un único salario genera toda una serie de obstáculos para quienes se ven obligadas a alquilar: las mujeres también señalan que se les exige presentar un número mayor de garantías, o que se les hace imposible en muchos casos cubrir las fianzas exigidas o cumplir con los avales que se les requiere
Para las personas jóvenes, para las que han tenido trayectorias laborales discontinuas, para las familias monoparentales y las separadas, para las personas migradas y en situaciones irregulares, para las que trabajan en la economía informal, para las atrapadas en la trampa de la precariedad, para aquellas con diversidades funcionales (…) para muchas personas, de muy diversa índole, el acceso a la vivienda está lleno de muros invisibles.
Una casa Posibilita no busca optimizar el trabajo doméstico para producir más, sino para exigir menos. Hacer visible el trabajo doméstico significa reconocer su centralidad en la vida cotidiana. Negar su existencia, en cambio, es negar la existencia de los cuerpos que cuidan.
Un buen número de las diferencias sociales y relaciones de poder que observamos fuera de nuestros hogares se generan y reproducen, muchas veces, desde su interior. Hacernos estas preguntas puede acercarnos a descubrir las jerarquías y dinámicas de poder que se esconden en el diseño de una casa.
Ya en la transición, en la época más activa del movimiento vecinal, en el que las mujeres jugaron un papel protagonista no siempre visibilizado, eran vecinas del barrio madrileño de Villaverde quienes al grito de: “Queremos pisos. Nos come la humedad y hasta los bichos”, se plantaron ante el ministerio de Transportes y Comunicaciones
Todas las mujeres merecemos encender el fuego de nuestro hogar cuando llegamos y merecemos apagarlo si fundamos otro, no porque nos echen, nos desposean o no podamos hacernos cargo de los gastos en solitario.
La veterana documentalista Georgina Cisquella (Barcelona, 1954), refleja en su último trabajo, la centralidad de las mujeres en la lucha por el derecho a la vivienda, mostrando el dolor y la injusticia acechando la vida de tantas personas víctimas de un régimen inmobiliario avaricioso y cruel, pero también las potentes redes de solidaridad que se crean entre estas mujeres, y el apoyo mutuo como un espacio de posibilidad e incluso de alegría.
Hacer arte, me permitió no sólo expresarlo sino ir conectando con otras formas de conocimiento y dejar de pensar que lo que vivía sólo me pasaba a mi. Los feminismos fueron claves para saber que éramos muchas, cada una desde su propia historia y realidad, pero siempre desde la tensión que implica lo doméstico entre un lugar de refugio e intimidad y un lugar de trabajo explotado.
Un exhaustivo informe de FAMS – Federación de familias monomarentales radiografía la «carrera de obstáculos» que supone buscar casa con un solo sueldo: sobrecostes asfixiantes, discriminación directa por tener menores y una administración que penaliza el compartir piso.
Alquiler, suministros, alimentación, transporte, material escolar y cuidados absorben prácticamente la totalidad del ingreso mensual. No hay margen para el ahorro, y sin ahorro no hay entrada para acceder a una vivienda en propiedad.
A continuación compartimos una píldora jurídica sobre los procesos de suspensión de los lanzamientos en las ejecuciones hipotecarias cuando se reúnen los requisitos de vulnerabilidad y exclusión social.
Las maternidades disidentes no están fallando, lo que falla es un sistema que convierte la vivienda en un privilegio, la crianza en un examen permanente y la protección en una amenaza.
Ahora las formas más primarias de violencia contra las mujeres quedan reservadas a los peores especímenes, y aquellos que se consideran “buenos” e incluso “feministas” se quedan sin más opción que ostentar su autoridad a través de violencias más sutiles, menos evidentes y, sobre todo, menos despreciables socialmente.